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Las redes sociales llevan presentes en nuestras vidas desde hace un par de décadas, sin embargo, en los últimos años han evolucionado hasta el punto de tener un papel importante en la actividad política, económica y social de los países del mundo.  Para saberlo, solo hace falta navegar en una de estas famosas plataformas, como TikTok e Instagram, y pararte a observar la cantidad de perfiles de marcas, políticos y personas influyentes que existen. Su impacto no solo se remite a estas áreas, que ya de por sí son extremadamente importantes, sino que también influyen en el uso del lenguaje, los hábitos, las habilidades y capacidades, e incluso en la construcción de la personalidad de las personas.

A pesar de sus grandes aportaciones, tienen grandes peligros. Además de los ya conocidos problemas de seguridad y privacidad, que actualmente son temas muy relevantes con la aparición del “sharenting”, existe el peligro de la inmediatez. Este peligro ocurre por la comodidad, facilidad y accesibilidad que caracteriza a las redes, así como la constante estimulación que recibimos de parte de plataformas como Tiktok, con sus vídeos cortos tan llamativos. Nos encontramos con jóvenes que no saben tolerar la espera, el aburrimiento o la incertidumbre, y que requieren una estimulación que solo pueden lograr con la tecnología. 

La Unidad de Personalidad y Comportamiento del hospital Ruber Juan Bravo en Madrid, advierte que en etapas como la adolescencia se es especialmente sensible al peligro de la inmediatez, y que se están detectando más miedos, fobias, trastornos del sueño, ansiedad, dificultades en la interacción interpersonales, y vínculos afectivos más fríos y superficiales.

Pero, ¿por qué utilizamos las redes sociales? En este punto, es evidente que las redes sociales son imprescindibles en la vida de una persona. Es una herramienta de conexión, de creación, de divulgación de información, de activismo, para encontrar trabajo, pareja, amigos… pero también es un lugar donde aprendemos a compararnos con los demás y que permite el acoso anónimo generalizado.

En relación a esto hablamos del impacto en la autoestima y del fenómeno del “ciberbullying”. Se ha observado que, especialmente los adolescentes, emplean las redes sociales como parámetro con el que evaluarse. En este tipo de personas se identifica no solo una baja autoestima, sino también ansiedad y depresión por sentir que no tienen los mismos logros o experiencia, o un sentimiento de profunda insuficiencia respecto a su sí mismos y a su vida. Sobre el “ciberbullying”, el anonimato, la falta de límites claros, la poca o nula consecuencia inmediata y la conexión continua que permiten las redes sociales, facilita que los acosadores puedan perseguir y humillar a sus víctimas. No solo esto, sino que también se ha convertido en un espacio virtual donde muchos descargan sus sentimientos de hostilidad y rechazo hacia los demás, aunque sean desconocidos.

Entonces, ¿cómo podemos evitar los efectos negativos de las redes sociales? APA (American Psychological Association) da los siguientes consejos:

  1. El uso de las redes sociales en jóvenes debería ser fomentado y dirigido a establecer una socialización sana con sus iguales. El espacio virtual puede ser una oportunidad para promover las actitudes prosociales.
  2. El uso de las redes sociales y los límites que establezcan los adultos dependen del nivel de madurez del niño o adolescente, y de su comprensión de las consecuencias del uso indebido de las redes. 
  3. En la adolescencia temprana (normalmente 10-14 años) se aconseja que haya supervisión parental del uso de las redes. La autonomía puede incrementar gradualmente con la edad del niño.
  4. Para reducir los riesgos de daño psicológico, todo contenido que conlleve una exposición a prácticas ilegales, de acoso, de riesgo o que fomente comportamientos peligrosos, debería ser restringida y reportada para su eliminación. 
  5. Se aconseja estar atento a las señales de un mal uso de las redes sociales, como por ejemplo, que interfiera con sus rutinas diarias, con sus relaciones sociales, que emplee la mentira o el engaño para conseguir acceso, o tener problemas para dejar de utilizarlas cuando quiere o lo necesita.
  6. Es importante que el uso de las redes sociales no interfiera con el sueño y las actividades físicas de adolescente. Se recomiendan al menos ocho horas de sueño cada noche y mantener un ciclo regular.
  7. Si se detecta que el adolescente está empleando las redes sociales para compararse, ya sea en términos sociales o de apariencia, se recomendaría limitar su uso. Es importante ayudarle al adolecente a anticipar los cambios corporales típicos de la adolescencia, y a no darle una excesiva importancia a la apariencia en su autoevaluación.

Carlota Sopena

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